La eficiencia energética ha trascendido su rol tradicional de una simple reducción de costes energéticos a convertirse en una oportunidad directa de generación de ingresos para las empresas en España. Este cambio de paradigma es posible gracias al sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE), un mecanismo de mercado que permite valorizar y comercializar las mejoras de eficiencia.
Este artículo explica qué son los CAE, cómo funciona el sistema y, lo más importante, cómo tu empresa puede aprovecharlos para mejorar significativamente el retorno de sus inversiones en eficiencia energética.
¿Qué es un Certificado de Ahorro Energético (CAE)?
Un Certificado de Ahorro Energético (CAE) es un documento electrónico que, según lo establecido en el Real Decreto 36/2023, proporciona un reconocimiento fehaciente de que se ha logrado 1 kWh de ahorro de energía final anual como resultado de una acción de eficiencia energética. Para entender su valor, es fundamental distinguir dos conceptos clave:
- Ahorro de energía final: es el resultado tangible y físico de un proyecto de mejora de la eficiencia (por ejemplo, aislar un edificio, renovar maquinaria industrial o instalar un sistema de climatización más eficiente). Este ahorro es un activo intangible (bien patrimonial de naturaleza incorporal) propiedad de la empresa que realiza la inversión.
- Certificado de Ahorro Energético (CAE): es el documento electrónico que representa y certifica oficialmente dicho ahorro una vez ha sido verificado conforme a la metodología establecida.
Utilizando una analogía, el «ahorro de energía final» es el activo valioso que su empresa genera, mientras que el CAE es el título de propiedad oficial que permite que ese activo sea reconocido, transferido y vendido en el mercado.

El contexto estratégico: ¿Por qué existe el Sistema CAE?
El sistema CAE no es una iniciativa aislada, sino una herramienta de mercado diseñada para cumplir con los compromisos de eficiencia energética de España a nivel nacional y europeo, en línea con la Directiva (UE) 2023/1791 y la Ley 18/2014.
El sistema opera sobre un principio de oferta y demanda creado por ley. La clave está en la figura de los «sujetos obligados«: las grandes empresas comercializadoras de energía (electricidad, gas y productos petrolíferos) que están legalmente obligadas a conseguir una cuota anual de ahorro energético nacional.
Estos sujetos obligados tienen dos vías para cumplir con su obligación:
- Realizar una aportación financiera al Fondo Nacional de Eficiencia Energética (FNEE).
- Alternativamente, adquirir CAEs de otras empresas que hayan generado ahorros energéticos verificados.
Esta segunda opción es la que crea el mercado. La obligación legal de las grandes comercializadoras de energía genera una demanda constante y robusta de ahorros energéticos, convirtiendo las mejoras de eficiencia energética de cualquier otra empresa en una mercancía valiosa y negociable.
Sistema CAE: del ahorro a los ingresos en 4 pasos
Para una empresa que invierte en eficiencia energética, el proceso para convertir sus ahorros en ingresos es lógico y estructurado. Se puede resumir en los siguientes 4 pasos:
- Inversión en eficiencia: la empresa invierte en un proyecto de eficiencia energética. Las actuaciones pueden ser de dos tipos: estandarizadas (medidas comunes recogidas en un catálogo oficial, como la sustitución de iluminación) o singulares (proyectos a medida y más complejos, como la optimización de un proceso industrial).
- Generación del activo (el ahorro): una vez completado, el proyecto comienza a generar un «ahorro de energía final» que es cuantificable y verificable. En este momento, la empresa es la propietaria legal de este activo intangible.
- Verificación y transmisión: ahora la empresa debe documentar los ahorros conforme a la metodología oficial para transferir («ceder») formalmente la propiedad de dichos ahorros a un sujeto obligado o a un intermediario acreditado.
- Monetización: la entidad que ha adquirido sus ahorros (el sujeto obligado o un sujeto delegado) solicita la emisión oficial de los CAEs correspondientes y le paga a su empresa el precio acordado por ellos. Finalmente, el sujeto obligado utiliza esos CAEs para cumplir con sus obligaciones legales.

En la práctica, las empresas no suelen gestionar este proceso por sí mismas, puesto que requiere una especialización y, por este motivo, se apoyan en sujetos delegados o «intermediarios» acreditados. Ellos se encargarán de la complejidad técnica y administrativa de la verificación y la gestión en el mercado a cambio de una comisión, simplificando drásticamente el proceso para el propietario del ahorro.
La oportunidad de negocio: el valor económico real del ahorro energético
El sistema CAE permite a las empresas abrir una nueva vía de ingresos, transformando los proyectos de eficiencia de una decisión de CAPEX con un periodo de retorno simple, en un activo que se puede vender. Esto significa que proyectos con periodos de retorno previamente inasumibles (por ejemplo, 7-10 años) pueden volverse estratégicamente atractivos, al reducirse su payback efectivo gracias a la venta del CAE.
El dato más relevante para cualquier director financiero es el valor de mercado de estos ahorros. Según el «Informe de seguimiento del Sistema CAE«, publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (febrero 2025): «el precio medio que reciben los propietarios iniciales de los ahorros se sitúa entre los 115 euros/MWh y los 140 euros/MWh«.
Este no es un mercado teórico, sino una realidad en plena expansión. Las estadísticas demuestran su dinamismo:
- El volumen total de ahorros cuya certificación se ha solicitado ya alcanza los 2.161,8 GWh.
- Solo en el mes de noviembre de 2024 se solicitaron 1.097 GWh de ahorro, más que en los 10 meses anteriores combinados, lo que demuestra una madurez y liquidez crecientes.

¿Qué proyectos de mi empresa pueden generar ahorros monetizables?
El sistema CAE está abierto a una amplia gama de actuaciones, desde las más sencillas (estandarizadas, como la mejora del aislamiento o la renovación de calderas) hasta las más complejas (singulares, como la reingeniería de procesos industriales a gran escala). Los datos oficiales sobre la distribución de los ahorros certificados por sector revelan dónde se concentran las mayores oportunidades:
- Sector Industrial: 68.1%.
- Sector Terciario (servicios): 22.0%.
- Sector Residencial: 7.4%.
- Sector Transporte: 2.5%.
Estas cifras son claras: el sistema CAE está fuertemente orientado a los sectores industriales y de servicios, lo que lo convierte en una herramienta estratégica de primer orden para la gran mayoría del tejido empresarial del país.
Más allá de la distribución sectorial, los datos del Ministerio revelan una visión estratégica clave: aunque las actuaciones estandarizadas (iluminación, calderas) son más numerosas, las actuaciones singulares (grandes mejoras en procesos industriales) generan el 67% del volumen total de ahorro. Esto indica que las mayores oportunidades de monetización se encuentran en proyectos de gran calado y a medida, precisamente donde la ingeniería y la inversión son más significativas.

CAE, el próximo paso estratégico de tu empresa
El sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE) es más que una simple normativa; es una herramienta de mercado estratégica que transforma la eficiencia energética de una iniciativa de control de costes, a un centro de generación de nuevos ingresos. Permite acortar los periodos de retorno de la inversión y generar un flujo de ingresos directo a partir de activos que antes permanecían ocultos en el balance de la empresa.
Para los directivos (CEOs, CFOs, Directores de Operaciones y Facility Managers), el mensaje es claro: es el momento de reevaluar todos los proyectos de eficiencia energética, tanto los ya ejecutados como los futuros, a través de la lente de esta nueva oportunidad de monetización.
En un entorno de crecientes presiones ESG y de volatilidad en los mercados energéticos, dominar el mecanismo CAE ya no es opcional; es una señal de agilidad estratégica y una ventaja competitiva tangible. El primer paso es dejar de ver la eficiencia energética como un mero centro de coste y comenzar a gestionarla como el valioso activo patrimonial que realmente es.










